Las funciones de la piel

Las funciones de la piel

La piel: una barrera multicapa que nos protege.

La piel pesa más de diez kilos y tiene una superficie total de hasta dos metros cuadrados

Más allá de su tamaño récord, la piel realiza una serie de tareas esenciales para la supervivencia. Esta barrera multicapa nos protege, por ejemplo, de la deshidratación, las lesiones, los patógenos, la radiación ultravioleta y el sobrecalentamiento, además de servir de depósito para el agua y los nutrientes.

Una barrera de gran poder comunicativo

Pero eso no es todo, porque la piel también es una herramienta de comunicación. Por ejemplo, puede traicionar nuestras emociones, o revelar aproximadamente nuestra edad. Además, esta carcasa extremadamente sensible nos permite percibir el entorno en sus múltiples facetas. Es gracias a los receptores sensoriales y a las células nerviosas que un masaje sensual, una picadura de abeja o un baño en las aguas heladas de un lago provocan reacciones tan diferentes.

Funciones activas de la piel

Una superficie de contacto extremadamente sensible

Un órgano sensorial de dos metros cuadrados

La piel es rica en receptores sensoriales, que proporcionan información sobre la presión, la temperatura y el dolor, además de captar cualquier contacto. Estos "marcadores de contacto" abundan especialmente en áreas como las puntas de los dedos, los labios, los pezones y las plantas de los pies.

Comunicaciones bajo la piel

El tacto nos permite tocar la realidad circundante, en el verdadero sentido de la palabra. También nos permite comunicarnos a través del contacto y así cultivar las relaciones sociales, por ejemplo a través de abrazos, caricias, masajes, cosquillas, abrazos o incluso un vigoroso apretón de manos.

Mensajes en un lienzo en blanco

Como órgano de comunicación, la piel envía señales no sólo táctiles sino también visuales, por ejemplo cuando nos sonrojamos por vergüenza o palidecemos por envidia, pero también cuando sudamos con demasiada ansiedad o se nos pone la piel de gallina en momentos de excitación.

Algunas condiciones patológicas, como la ictericia, la hipertensión, la deficiencia de hierro o la diabetes, no son verdaderas enfermedades de la piel, sino que se presentan con los síntomas típicos de la piel. Por lo tanto, ciertas alteraciones pueden ayudar a hacer un diagnóstico.

A estos mensajes involuntarios se suman los voluntarios: muchas personas consideran su piel como un lienzo en blanco y la modifican con total conciencia gracias a los tatuajes, el maquillaje, el piercing o el autobronceado.

Un órgano sensorial de dos metros cuadrados

La piel es rica en receptores sensoriales, que proporcionan información sobre la presión, la temperatura y el dolor, además de captar cualquier contacto. Estos "marcadores de contacto" abundan especialmente en áreas como las puntas de los dedos, los labios, los pezones y las plantas de los pies.

Comunicaciones bajo la piel

El tacto nos permite tocar la realidad circundante, en el verdadero sentido de la palabra. También nos permite comunicarnos a través del contacto y así cultivar las relaciones sociales, por ejemplo a través de abrazos, caricias, masajes, cosquillas, abrazos o incluso un vigoroso apretón de manos.

Mensajes en un lienzo en blanco

Como órgano de comunicación, la piel envía señales no sólo táctiles sino también visuales, por ejemplo cuando nos sonrojamos por vergüenza o palidecemos por envidia, pero también cuando sudamos con demasiada ansiedad o se nos pone la piel de gallina en momentos de excitación.

Algunas condiciones patológicas, como la ictericia, la hipertensión, la deficiencia de hierro o la diabetes, no son verdaderas enfermedades de la piel, sino que se presentan con los síntomas típicos de la piel. Por lo tanto, ciertas alteraciones pueden ayudar a hacer un diagnóstico.

A estos mensajes involuntarios se suman los voluntarios: muchas personas consideran su piel como un lienzo en blanco y la modifican con total conciencia gracias a los tatuajes, el maquillaje, el piercing o el autobronceado.